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Por Mirta Calvo

Ese pan en la mesa, sagrado.

Un hijo en su baile azul.

Ángeles rompiendo espacio y tiempo en el jardín.

Tú.

Un gorrión busca mis manos.

El amor, mira.

Venimos de tantas vidas que sabemos al otro.

Sabemos la flor.

El dolor.

La piel.

El pan.

El hambre.

Nos sabemos la risa.

A lo lejos, los perros, hacen milagros.

Todo es incierto y bello.

Los recuerdos otoñándose.

Recuerdas, amor?

El lago quebrado.

Los árboles, callando.

Todo en mi era niebla.

Llegabas.

En la galería se refugiaban los pájaros.

La bruma tarareaba a Piazzolla.

La luna olía a orégano y arándanos.

Y tu voz brotó como maná.

Como sílaba.

Como hebra.

Siglo.

Astilla.

Misión de antaño.

Y adentro se me abrió el vuelo.

La caricia.

La semilla.

Y le puse nombre a tu nombre.

Llave a la llave.

Dios a Dios.

Ojo al ojo.

Recuerdas, amor?

Ahora baila el invierno.

Y estás justo adonde llega mi mano.

Llueve.

Así, la vida.

Amor.

Ninguna vida nos detiene.