¡Comparte!

Ay, Venezuela.

Cómo acunar sus pájaros heridos?

Las plazas, la risa.

Lo que se ha tornado vano.

La gaviota quebrada.

Lo ido.

El mar que duele.

Los niños sin hamacas.

El hambre.

Los olvidos.

Cómo pensar la paloma?

Ser cada uno, diferente.

Que vuelvan las manos.

Su grito.

Cómo honrar con ellos el arte del recuerdo?

Y el desgarro.

La eterna luna.

El pan y el vino.

El pueblo debe recuperar el cielo.

El lenguaje.

Los sueños.

Los jardines.

Ay.

Qué dioses devolverán su bandera?

El pan.

La siesta.

Del alma, su sitio.

Un dictador ha puesto de rodillas a Venezuela.

Su gente se llueve adentro.

Sin aire, aletea.

Digo, a todos los milagros, pongámonos de pie.

Adentro de la palabra.

Bailemos en ella.

En oración.

De polvo y tiempo.

Todos.

Y digo,

Venezuela sufre.

No debe la palabra,

entonces,

no puede,

decir lo que deba decir,

quieta.

Venezuela. El mar que duele. Fotos: Pixabay