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Esta es la historia de Sikiuk Méndez, un nombre que en el sur resultó algo difícil de pronunciar, por lo que decidió cambiarlo a Elizabeth. Argentina es el segundo país que la recibe, primero se fue a Panamá donde vivió 3 años, pero la experiencia fue un tanto agridulce. En Venezuela, su país de origen, dejó los dos latidos de su corazón; sus hijos. Ambos estudiantes universitarios, cuando habla de ellos se le inundan los ojos y se le quiebra la voz.

Por Milagros Durán

El inmigrante cambia de paisaje, cambia de nombre y cambia su manera de hablar. Al principio hay proceso de luto, por la pérdida de tu tierra de origen pero con el pasar del tiempo, y con una buena actitud para asumir los cambios, se logra la adaptación y la supervivencia.

Inevitablemente, uno se va pareciendo al paisaje, aunque nunca dejaremos de soñar con el regreso. Como nos dice Marina Gasparini en su libro Exilios: “El exilio es un viaje sin retorno. Cambia la tierra de la que nos alejamos y cambiamos también nosotros, habitantes desde entonces del desarraigo”.

Sikiuk es de esas mujeres de alegría inquebrantable, una muy buena cualidad para adaptarse al nuevo paisaje. Ella protagonizó una aventura impensable en otro tiempo. Viajar desde Venezuela hasta Argentina por carretera. Un recorrido de 3 mil millas (7 mil 400 kilómetros), un trayecto en el que atraviesas montañas y desiertos y en el que muchos han dejado la vida.

La debacle de la economía venezolana ha reservado los viajes en avión para una exclusiva minoría. Aunque parezca increíble, los nuevos inmigrantes emprenden sus travesías por vía terrestre. La diáspora, el movimiento migratorio más grande del que se tenga cuenta en el último siglo, en América Latina, está en pleno desarrollo.

La travesía

Emprendió un viaje por carretera desde Caracas a Buenos Aires, una travesía agotadora, que según nos contó, te reta física y emocionalmente. “Lo más duro fue atravesar el desierto entre después de cruzar de Ecuador hacía Perú, fueron 24 horas solo viendo arena, pase frío del bueno, incluso un día me sangró la nariz”, dijo.

Salió el 29 de agosto de Venezuela y llegó a Argentina el 12 de septiembre de 2017.

El periplo duró 14 días hasta arribar a la tierra del tango y el bandoneón.

“Hay gente que hace este viaje en 6 días….pero es demasiado riesgo para tu salud. Sé de un caso de un muchacho que lo hizo en 6 días y al llegar aquí le dio un infarto y falleció”.

Cuando estudiaba periodismo en la Universidad Bicentenaria, soñaba con trabajar en uno de los grandes medios del país…y logró trabajar un tiempo en el canal RCTV, el mismo que fue cerrado por orden de Hugo Chávez. Pero jamás imaginó, que años más tarde tendría que rehacer su vida en otra parte.

Adiós a Panamá

En Panamá vivió 3 años. Llegó con una oferta laboral que le permitiría trabajar como periodista en una revista. Pero antes de los 9 meses le rebajaron el sueldo, el ambiente se tornó tenso hasta que se terminó esa relación laboral. Dirían las abuelas “y empezó Cristo a padecer”. Tuvo que brincar y saltar para mantenerse. Incluso limpiar oficinas y casas de amigos. Nadie dijo que es fácil ser inmigrante. Pero la experiencia te reta de muchas maneras y te obliga a sacar lo mejor de ti.

En 2016 decide regresar a Caracas puesto que la situación laboral, sin documentos, se había hecho muy cuesta arriba en Ciudad de Panamá.

“Regresé a Venezuela y me encontré con la decadencia de todo. Estuve en un hotel 5 estrellas y a la hora de la comida solo había un menú fijo. Y así con todo, todo muy descompuesto, así que decidí que me tenía que ir. Y escogí irme a Argentina”.

Sikiuk Méndez, emigró a Argentina por carretera. Fotos: Cortesía

 5 países y un sándwich

Ella no sabía cuán frío puede llegar a ser el desierto. No llevaba un buen abrigo y casi se congela durante diversos tramos del trayecto.

La travesía de Sikiuk, se ha vuelto un recorrido común para muchos de sus paisanos.

Contó que tener que “hacer inmigración” en cada uno de esos países fue muy duro.

No es solo sentarse, y esperar que el autobús vaya devorando cientos de kilómetros. En cada parada de inmigración –cuenta ella- te asalta la angustia. “No sabes con que te va a salir el oficial y es algo que intimida a cualquiera, de verdad es mucho el estrés”.

Y en cada parada de este tipo, está el riesgo de que no te dejen avanzar, que te devuelvan a tu país. Allí la adrenalina corre a sus anchas.

La primera parada de inmigración fue en Colombia, luego Rumichaca (Ecuador), luego Huaquillas – Tumbes (Perú) después Santiago (Chile) y finalmente en Buenos Aires (Argentina).

Los oficiales en Colombia, en Ecuador y en Perú fueron muy amables, pero en Chile fue durísima. Eran puras mujeres.

“Me pasó algo que nunca voy a olvidar. En Chile tienes que usar la moneda de ellos o no te venden. Yo tenía mucha hambre y quería comprarme un sandwich, y no me lo vendían porque solo traía dólares. Estuve dispuesta a pagar 20 dólares por un pan pero la mujer me dijo: a nosotros no nos importa el dólar, págueme con nuestra moneda, de suerte que había unos maracuchos cerca y me brindaron”.

En Chile estuvo solamente un día.  “Tomé un autobús y el viaje duró 24 horas hasta Buenos Aires”.

Q & A (Preguntas y respuestas)

¿Cómo fue el proceso para establecerte en Argentina?

-Buscar un lugar para vivir es bien difícil aquí. Primero, porque los requisitos para rentar un apartamento son exigentes. Te piden 3 recibos de pago de tu trabajo, garantías hipotecarias y un largo etc. Y uno llegando no reúne esos requisitos.

Entonces encuentran lugares como éste, que es una pensión y es un poco más accesible.

El sueldo mínimo en Argentina está en 8.500 pesos. Que son unos 500 dólares. Yo vivo en una habitación donde estoy sola y pago 4 mil 400 pesos mensuales. Que son $259. Yo ahorita trabajo como promotora de ventas..

Y ese sueldo…trabajo en blanco, gano 11 mil 107 pesos (653 dólares).

¿A quiénes dejaste en Vzla?

-Allá dejé mi vida. Dejé a mis 2 hijos a mi madre, mi padre. Mis tías que son mis otras mamás. Ellas no tuvieron hijos, y sus hijos son los hijos que tuvo mi madre. Mis hijos, y mis sobrinos. Mi mamá tiene 3 nietos.

-Llevas muy poco tiempo fuera… ¿pero hasta el momento qué extrañas de Vzla?

-Extraño mi casa y las reuniones familiares. Mi familia es muy de compartir. Mi mamá tiene 5 hijos y todos estamos regados por el mundo. Mi hermano mayor vive en Lima, mi hermana mayor, vive en Venezuela, es la única que queda allá. Mi otro hermano, vive en Roma, después sigo yo, y mi hermana menor vive en Atlanta, Estados Unidos.

¿Debe ser duro para tu mamá que todos sus hijos estén fuera?…

-Mi mamá hizo una casa muy grande y una vez dijo: Creo que me voy a volver loca en esta casa con tantas habitaciones vacías. Le queda una sola hija y su nieto. Mi hermana intenta que mi mamá no sienta la soledad, pero eso no sé si lo logra.

-Aspiras a trabajar en tu oficio como periodista en algún momento…

-Si, claro. Esa es la meta. Tengo un amigo. Y me dijo: Tú tienes que hacer relaciones aquí. Si te invitan a tomar un café, tú vas. La gente del gremio, se reúne para hablar de la vida. Y eso puede resultar en una oportunidad de trabajo.

¿Qué sueñas?

-Mis hijos no quieren irse de Venezuela. Temen perder sus amistades. Ellos tienen la esperanza, de que esta mala racha va a pasar. Y me han pedido que no venda la casa. Yo pienso en volver… pienso en que tenemos que volver a reconstruir el país. No sé por cuanto tiempo estaré aquí en Buenos Aires. Mi hogar está en Venezuela.

Por lo pronto, Sikiuk trabaja en ventas y va aprendiendo a comunicarse con los nuevos códigos. Que no se dice papelera, sino tacho de la basura. Que no se dice pollo, sino posho. Y aprendiendo qué significa cuando te dicen “mirá boluda” según la entonación que le pongan.

Sikiuk tardó 14 días en llegar a Argentina. Fotos: Cortesía

Editora de GenteToday. Periodista. Egresada de la UCV (Venezuela) en 1990. Inmigrante, trotamundos y cazadora de historias. Cada instante es un milagro. Cada uno con su historia… y los barcos al horizonte. @MilyChannel