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Es hora.

Puedes venir.

Las plumas de la luna están listas.

Están mis manos de rosas para ti.

Están mis rosas llenas de manos para ti.

Mi boca sin tiempo.

Astillando infinitos, en ti.

Nosotros somos el todo de la nada.

Somos nosotros.

Recuerdas?

Decías que me mirabas antes de ti.

Entonces, el mar era el mar.

Y los sapitos nos gustaban en la mano.

Ahora, no escampa la lluvia.

Horada el milagro.

La fe.

Vuelan pájaros opacos.

Deberías llegar.

Antes de que se vayan los sapitos.

Las hortensias.

Y las polillas se coman “Las mil y una noches”

Es prudente decir te extraño?

Es correcto el hototogisu o es necesario?

Lo sabes?

El mar se desangra en los ojos.

Y la rosa efímera, delata.

Mírame.

Trae tu mano.

Ven a ver caer la luna ineluctable.

Y el tango que rueda por Callao.

Amor.

La noche se ha empedrado de jazmines.

Y duele el bandoneón.

Tanto.

Tanto.

Tanto, amor.

Mañana.

Ayer.

En la danza sagrada de los tiempos, te nombro.

En el hambre y la sed.

Repito.

Debes venir.

Es hora.

Lo sé.