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“Era difícil acercarme a esos hombres, huelen horrible, les huele mal la boca. Te insultan y se creen los dueños de ti. Te piden sexo y otras cosas sin preservativos… Muchas veces me maltrataron”.

Por Ana Rodríguez Brazón

Este testimonio es de una joven venezolana que emigró a España para buscar mejores condiciones de vida pero que en el camino tuvo que prostituirse para cubrir los gastos de residencia y sobre todo brindar bienestar a su pequeña hija de 5 años.

 Laura (nombre ficticio) llegó en octubre de 2017 a un pequeño pueblo de España. Ahí su madre ya tenía más de un año viviendo debido a que se había casado y tenía la nacionalidad, lo que permitió que su hija pudiera entrar de manera legal al país y obtener un DNI por un año. En diciembre Laura ya tenía trabajo y se mudó a una ciudad junto a su pequeña niña.

Por seis meses trabajó fuerte en jornadas de más de 12 horas en un club nocturno. En ese lugar se encargaba de la limpieza  y algunos días de la cocina. Ganaba lo suficiente para pagar 700 euros entre alquiler y servicios y todavía quedaba para cubrir los gastos de alimentación y colegio de su hija.

Mientras limpiaba en el club, el cual describe como una especie de hotel con lindas habitaciones,  Laura  conoció el día a día de las prostitutas. Cuenta que a cada una le asignan una habitación para trabajar, dormir y además tienen comida gratis.

Cuenta que a cada una le asignan una habitación para trabajar, dormir y además tienen comida gratis.  Foto: Pixabay

“Yo limpiaba todo el día y tenía una habitación asignada porque estaba todo el día”.

 La joven venezolana de 26 años, quien tuvo que dejar sus estudios en su país de origen, sigue su relato e insiste en que es el peor trabajo del mundo.

Las compañeras de Laura tenían varias nacionalidades: dominicanas, venezolanas, colombianas, brasileñas, rumanas, nunca españolas.

Con la notificación de extranjería, Laura tuvo que renunciar a su trabajo de limpieza para salir del sistema del seguro social, de lo contrario revocarían su residencia, por lo que tenía que dedicarse a algo que no requiriera papeles.

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