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Adentro de una mujer

que mira la luna,

no es necesario agregar nada.

Sus ojos, son cortejo.

Sus pies, puertos.

Los pájaros desvían por sus manos

y la luz escapa por sus dedos.

Y la luna, no es luna,

sino aliento.

Adentro de una mujer

que mira la luna,

se puede imaginar:

un hogar, una canción, un olor,

un beso, en puntitas de pie,

todos los pájaros.

Se la puede imaginar

sembrando galaxias,

pergeñando otros mundos.

Juntando poemas

recién cortados.

Trémolos.

Una mujer que mira la luna,

está pausando el mundo.

Para que suban los más solos.