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Ella andaba siempre con una primavera en la mano.

Hoy, desde la flor, me mira.

Moja sus manos en la lluvia del patio.

Ella tenía el sabor del agua.

Era todos los lugares.

El té atardeciendo.

La calle donde el perro bostezaba.

Esa calle por donde ella, de su tristeza, regresaba.

Y era la voz de mis silencios.

Los cantaba.

Yo dejaba mi bicicleta recostada en el mar.

Caracoles, almejas y peces dormidos,

en sus manos, me abrazaban.

Mamá.

Ese lugar desde donde, todavía, se podía regalar un pájaro.

Puente.

Rio.

Glicina.

Esquina.

Hoy habitas toda mi nostalgia.

Los otoños,los mercados son más tristes.

La luna es un lugar serio sin tu aljibe.

El todo sólo es ahora.

Me recuerdas mamá?

La cocina huele a ti,

a orégano, pimienta y pájaros.

Y te veo llenar los frascos y latas de galletitas

con dedos de paloma.

Recuerdas cuando crecían barcos en tus manos

y la luna te miraba?

Dónde estás?

Ay, mamá.

Debo seguir.

Cuéntame un cuento.

No te vayas.

No quiero ser grande.

Dijo García Márquez:

“No olvides cuidarla,

por si mañana, en vez de verla, te toca imaginarla”.

“Me recuerdas mamá? La cocina huele a ti, a orégano, pimienta y pájaros”. Foto: Pixabay

Escribonia. Poeta. Ella dibuja con palabras las emociones y los sentimientos del alma. “Como para sobrevivir y escribo para vivir”, ha dicho. Ella escribe poesía como beber agua. Desde Buenos Aires, Argentina. Sus poemas emocionan a nuestros lectores cada viernes. @Escribonia