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Amanece la primavera.

Se despereza.

Viste sus flores.

Las hojas embarazadas escriben otros tiempos.

Planean futuros.

Origamis de aire.

Me desnudan.

De ayeres.

De otros árboles.

Otras plumas.

Geranios.

De la memoria que me trae el olor a orégano de mi madre.

De los ojos grises de mi padre curando gorriones.

De la casa de la abuela rodeada de uvas y su pañuelo negro que la hacía volar como águila.

De mi mano apretando sueños.

De mis hermanas jugando rayuela.

Ah, aquellos atardeceres de vainilla y leche.

Del mar de mi pueblo y sus gaviotas.

Ah, los años.

La vida.

Una pena lenta que va hacia la alegría?

Un adiós que siempre empieza?

En el ruido de puertas y cerrar de ventanas se hacen nada los atardeceres.

Y me crecen caminos sin regreso.

No sé.

A veces, no sé.

Sólo tengo la certeza de la duda.

Y escribo diez veces en la pizarra del cielo que no todo se va.

Que al alma le brotan nuevas vidas.

Y es entonces, cuando vienen tus ojos.

Primavera.

Nidos.

Y los perros saltan a mi pecho.

Y mi hijo ilumina la palabra y el viento.

Y vuelvo a estar en mi.

Como el empezar azul de un relámpago.

Como el big bang .

Esa fuerza.

Ese caos.

La pulsión del amor.

Saber que dar es ir hacia los dioses que nos habitan.

Hacia el bosque de la infancia que nos guarda en las hamacas el corazón.

Me mira un pájaro, ahora.

Lunar.

Hecho de pétalos.

De sílabas.

De cántaros.

Además, llueve.

Tus manos, mi patria.

Mi bandera blanca.

Provienes de una tormenta.

De un milagro.

De mis borrascas.

Sales de mis dedos.

Y te amo.

“Saber que dar es ir hacia los dioses que nos habitan”.  Foto: Pixabay

Escribonia. Poeta. Ella dibuja con palabras las emociones y los sentimientos del alma. “Como para sobrevivir y escribo para vivir”, ha dicho. Ella escribe poesía como beber agua. Desde Buenos Aires, Argentina. Sus poemas emocionan a nuestros lectores cada viernes. @Escribonia