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Por Milagros Duran

Son las 3:28 de la madrugada… y me despierto sobresaltada. Creo que tantas madres llorando de impotencia forman un gemido en el universo. Y eso tiene que dolernos a todos. Tengo una opresión en el pecho honda y punzante. No puedo dormir. Y tampoco puedo llorar. Me pasa cuando tengo mucha rabia. Ojalá pudiera llorar. Cómo se puede dormir sabiendo que miles de niños se acostaron sin comer, sabiendo que otros miles, se irán apagando despacito, sin recibir sus medicinas. Cómo se puede dormir, sabiendo que seres humanos han sido condenados a muerte por un sujeto siniestro, un esperpento del infierno que usurpa el poder en Venezuela. “En mi vida había visto a un gobernante actuar con semejante bajeza”, dijo Luis Almagro, secretario general de la OEA, en su detallado informe sobre la jornada del 23-F. Fueron 3 camiones llenos de medicinas y alimentos quemados. Por Dios! Cuánta ruindad cabe en un cuerpo de 150 kilos de carne. Las imágenes le han dado la vuelta al mundo. Cuántos niños hubieran podido salvarse con tres cargamentos de ayuda humanitaria. ¡Cuántos! La indignación del país es total.

El usurpador ordenó una represión desmedida, con lluvia de bombas lacrimógenas, disparos de perdigones y balas…contra una población desarmada. Las cifras extraoficiales hablan de 25 muertos, más 280 heridos, un joven de 19 años perdió un ojo, cuando recibió el disparo de una metra(canica). Una mujer llora desconsolada sobre el cadáver de su hermano, un militar, dice que él había decidido desertar y le dispararon por la espalda. Una corresponsal extranjera narra que fue tomada por grupos oficialistas, y fue despojada de su equipo de grabación y de su celular. Dijo que vivió momentos de terror. En el Puente Internacional Simón Bolívar, en Cúcuta, “casi no se puede respirar por la nube de gas lacrimógeno”, dice un reportero en su transmisión en vivo. El país entero ya no puede respirar conviviendo con un régimen criminal.

Y mientras ocurría esta película de horror, aparece la bestia con la hiena (así le dicen porque se ríe todo el tiempo y sin razón aparente) bailando. Es la danza de la muerte. Probablemente sea una especie de rito satánico. Cada vez que hay muertos producto de la brutal represión… salen ellos dos bailando. Celebran la muerte, celebran embriagados de poder que pueden hacer lo que les venga en gana. Roban, encarcelan, torturan y bailan. Matan al pueblo de hambre… y bailan su danza macabra. Se burlan de la tragedia del venezolano común, se ríen de los que emigran, se ríen de los que lloran y de los que sufren. Se ríen y bailan. Una vez más han ganado la partida. O al menos eso es lo que aparentan. Ellos ganan y la gente común pierde.

Me vienen a la memoria las imágenes del dictador comunista Nicolas Ceausseco y de su esposa Elena. Gobernaron Rumanίa con mano de hierro y con infinita crueldad. Fueron 24 años de represión y terror contra la población. También aquel Nicolas (Ceaussesco) ordenó la destrucción de la ayuda humanitaria. Se calcula que ocasionaron 80 mil muertes. Ambos fueron ejecutados en diciembre de 1989 por genocidio. Fueron atravesados por ráfagas de disparos, él murió instantáneamente, según narró uno de los soldados que participó, ella no, ella hizo movimientos macabros antes de expirar. En Venezuela van más de 200 mil muertes en estos 20 años. La bestia y la hiena han descendido a los sótanos más profundos de la ruindad y el envilecimiento humano. Me pregunto cuál sería un castigo apropiado para ellos, de acuerdo a este holocausto gradual que están ejecutando con los inocentes en nuestro país. Tienen los días contados…y lo saben.