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Anochece.

Se quiebra la tarde.

Los pedazos de la gente triste astillan la luna.

A veces, todos, somos uno.

El mundo.

El aire del otro.

El niño solo.

La gente que mira hacia abajo cuando el dictador tapa el cielo.

Esa madre niña que toca su panza sin ayuda.

A veces, somos uno, todos.

Trayendo al perro hambriento a casa.

Siendo agua.

Caricia.

Cantándole una canción de cuna al anciano.

Poniéndole en la mano un sueño.

Que pueble su soledad.

Sus muertos.

El alba.

A veces.

A veces.

También, a veces.

Habla la flor reventando el verano.

El ala herida.

La montaña.

El cuento que le hace falta a la infancia.

La mano que hace otras manos.

A veces.

A veces.

Por fin, comprendemos que ser uno en la vida nos abrevia.

Que todos,en cada uno, rehace estrellas.

Porque el hombre se va.

Breve, como todo hombre.

Y la vida queda.

Los pedazos de la gente triste astillan la luna. Foto: Pixabay