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35 años de carrera artística, lo despojan de la sede de su Grupo Actoral 80 en Caracas. Formado por dos de los grandes hombres de teatro venezolano: el argentino Juan Carlos Genet y el venezolano Enrique Porte: Manrique reúne en su haber una serie de caracteres en los que el actor ha dejado constancia de que entra al escenario a darlo todo.

Por Yoyiana Ahumada Licea

El fantasma de Edmundo Chirinos estremece nuevas audiencias. Recientemente presentó en Madrid -en el Teatro Fígaro a casa llena el famoso monólogo acerca de los delirios del psiquiatra venezolano, ya fallecido, que fuera hallado culpable por el homicidio de una de sus pacientes, en un hecho que develó su larga cadena de abusos a las pacientes. Recibió los vítores del nobel Vargas Llosa, quien dedicó una columna a recorrer las quimeras del psiquiatra al cual recrea el actor y director Héctor Manrique en la obra Sangre en el Diván– libro homónimo de la periodista venezolana Ibéyise Pacheco- Antes de partir ofreció una función abarrotada de público, en el anfiteatro de la Concha Acústica de Bello Monte, arengó a los espectadores para que participaran en los recientes comicios municipales. Ejerce su ciudadanía y es un animal político.

Aunque casi todos sus trabajos reciben apoyo del público, quizá sea la encarnación de Edmundo Chirinos uno de los más aplaudidos hasta por Mario Vargas Llosa. La pieza estrenada en 2014 con gran éxito de público. Polémica por haber sido Chirinos un prestigioso psiquiatra, académico; rector de la UCV, candidato presidencial y analista de tres presidentes de la república de Venezuela

¿Qué esperas de Sangre en el Diván?

-A mí lo que me interesaría fundamentalmente, es que lo que nos impulsó a hacer este espectáculo sea percibido. Creo que los manipuladores, seductores encantadores y mentirosos que transgreden los muros de contención en el ámbito público o privado, están en todas partes, sin ir muy lejos en España hace unos años, un prestigioso psiquiatra sevillano fue denunciado por haber abusado de sus pacientes. Era un psiquiatra parecido a Chirinos: muy respetado que atendía a una parte de la alta sociedad sevillana. Es el llamado de atención que queríamos hacer con este espectáculo y que tiene que ver con todo aquel que por tener poder lo ejerce para sus fines, sin pensar nunca en lo que el otro necesita. Un ejemplo: una paciente va a verse con Edmundo Chirinos y a él sin importarle cuál es su patología, si a esa persona le gusta o le resulta atractiva dentro de sus cánones, la duerme y abusa de ella. Cuando se descubre que hay más de 1000 fotos de mujeres sedadas, desnudas y muy probablemente abusadas, se revela el uso que él- Chirinos- hacía de su poder clínico, psiquiátrico. Eso fue lo que me impulsó. Apenas leí el libro de Ibéyise Pacheco y el capítulo de la larga entrevista que ella le hizo, la elegí para trabajar el monólogo. Vivimos en sociedades que son cómplices: Chirinos llega a donde llega en Venezuela porque se le permitió. En los corillos de los profesores universitarios por decir un ámbito en el que Chirinos hizo vida, se hablaba de sus procederes, de sus constantes intentos seductores con las alumnas, o sus abusos. Fue profesor allí y llegó a ser rector de la Universidad Central de Venezuela. Podría mencionar a la Sociedad de Psiquiatría de Venezuela que hasta los momentos no ha abierto la boca ante este caso. Cuando leí el libro, recuerdo haber puesto un tuiter muy agresivo generalizando la conducta de los psiquiatras. Exageré acusándolos a todos de cómplices, pero en realidad quería ver quien me confrontaría. Luego pedí disculpas porque uno no puede decir que todos los psiquiatras son una mierda.

Años después del estreno, Carlos Rasquin, psiquiatra, escribió un artículo en El Nacional: Sangre en el diván” es una crónica trágica de una celebridad equívoca. No es la única. Es un mensaje y un campanazo de alerta sobre los personajes que se ofrecen como poseedores de cualidades e intenciones superiores y bondadosas, para que su narcisismo y perversidad termine causando graves daños en su entorno.

“Creo que los manipuladores, seductores encantadores y mentirosos que transgreden los muros de contención en el ámbito público o privado, están en todas partes” dice Manrique.

¿Desde dónde construiste a Chirinos?

– En la formación que tuve con dos grandes maestros y más allá de las especificaciones técnicas y los ejercicios que hay que hacer para profundizar la concentración para estimular tu trabajo creativo, está que lo que uno hace en el escenario tenga verdad; que lo que se hace no es la vida, si no una síntesis de la vida. Yo entro el escenario y desde que lo piso me juego la vida. Entro a vivir, eso lo disfruto. Es una cosa orgásmica.

Nunca había hecho un monólogo. Lo primero que hice fue preparación física durante un año me metí en clases de Pilates, transformé mi cuerpo en función de usarlo: si yo quiero desnudar a mi personaje tengo que poder desnudarme yo. En el trabajo comienzo en interiores y termino en interiores. Es un tipo que se disfraza y se desnuda. Hace los dos viajes. Y aunque ningún proceso es igual, trabajé mucho. Por ejemplo, uno es como uno habla, como construye sus oraciones, su pensamiento, como los expresa. Cuando yo utilizo lo que dice Chirinos, tengo que ser muy puntilloso en decir lo que él dijo, y como lo dijo porque eso me iba a impulsar el cuerpo. Yo me levantaba muy temprano y me sentaba en una silla muy incómoda para no desconcentrarme cuando estudiaba el texto. El era una persona que empezaba a bajar la voz, casi susurraba y llegaba un momento en que había que acercarte para escucharlo. Cuando ya te tenía cerca te echaba mano.

Como intérprete uno nunca debe juzgar al personaje. Que juzgue el espectador. Yo tengo que, en función del texto, ser lo más honesto posible para que la gente entienda quien era él. Era un seductor, un encantador, un manipulador, un mentiroso, y todo eso lo que tengo que “hacer” yo. Donde él veía una mujer el procuraba seducirla. Yo como Chirinos; tengo que intentar seducir a las mujeres que están ahí. Además de tener claro mi objetivo- como personaje- voy a contar mi vida para que ustedes se den cuenta de que yo no he matado a nadie. Cuando leí el libro, yo me dije este tipo la mató. Era tal la cantidad de contradicciones y mentiras que me dije, si necesita inventar esa cantidad de mentiras para convencernos, él es culpable. Ese era el reto. Hay espectadores con los que lo logró y con otros no.

¿Te interesó conocer la conducta de un psiquiatra o te centraste en Chirinos?

-La entrevista me daba el material que necesitaba. Pero además yo conocí a Chirinos, porque era padrino de mi hermano menor. Mi papá- Héctor Rodríguez Bauza-y él eran grandes amigos. Muchas de las cosas que dice Chirinos en la entrevista no las dice él si no mi papá, lo que pasa es que no quise mencionarlo en el espectáculo. En el acta de matrimonio de mis padres aparece firmando Chirinos. Mi mamá lo adoraba, estaba en contra de la idea que fuera ese monstruo. Mientras mi papá estuvo preso, Chirinos llevaba el dinero a mi casa. Mi mamá decía ¿Por qué haces este espectáculo? Lo hago por ti le respondí, tú fuiste cómplice. Yo me estoy obligando a tomar partido. Si no lo hubiese hecho, yo habría sido cómplice. Personajes como este no andan solos y uno tiene una cuota de responsabilidad. Ella se negaba a ir. Mi papá salió muy perturbado. Me dijo “es un gran trabajo. Para mí es muy doloroso lo que él hizo” Cuando apareció la noticia del asesinato de Roxana Vargas – paciente de Edmundo Chirinos – yo llamé a mi papa ¿Qué piensas tu de eso? Me respondió: los ególatras son capaces de cualquier vaina.

¿Crees que el teatro tiene una función que cumplir con la sociedad?

-Los griegos crearon este maravilloso oficio artístico porque no les gustaba la sociedad en la que vivían y querían llamar la atención sobre ella en función de mejorarla. Yo creo y sigo creyendo en esa función del teatro. Yo hago el teatro desde un compromiso con la belleza, pero detrás de todo lo que hago, está mi compromiso con la sociedad. El teatro no tumba gobiernos, ni va a cambiar la sociedad, pero tal vez pueda cambiar a esa persona fundamental para cambiar toda la sociedad. Esto es lo que hace que yo quiera hacer este oficio. El teatro busca la conexión del hombre consigo mismo.

¿Tu teatro tiene un contenido político, en función de las polis?

-Yo no me debo a mi público. Yo me debo a mi conciencia, a mis compromisos. No soy de esas veletas que no se comprometen con nada porque se deben a su público. Yo digo las cosas que pienso, al que le gustó bien y al que no, venga y los conversamos. No soy un artista que se descompromete con el mundo en el que vive. No soy una carambola cósmica. Aquí donde estamos hablando, tengo siete días sin agua y sin luz. Antes lo primero que hacia al despertarme era leer una hora, ahora lo primero que hago es subir tobos de agua. ¿No voy a decir eso porque soy artista y tengo público oficialista? Yo tengo que decir que no tengo luz porque el dinero destinado para el parque eléctrico se lo robaron.

¿Qué querías ser de pequeño?

– Me gustaba el cine, me fascinaba. El primer cine club de Carrizal lo fundé yo con unos amigos y primos. Mi papá era amigo de Rodolfo Izaguirre director de la Cinemateca Nacional en ese entonces y le pidió que me guiara. Rodolfo dijo “hay un tipo que se mueve en los tres ámbitos, cine, televisión y teatro, deberías hablar con él; con José Ignacio Cabrujas para ver que te recomienda” Cabrujas me citó en el Nuevo Grupo –agrupación teatral caraqueña donde estaban Isaac Chocrón, José Ignacio Cabrujas y Román Chalbaud -y me dijo “el teatro es como la madre de todas artes si conoces el teatro, vas a dominar las demás” Te recomiendo un taller con el tipo que más sabe de toda esa vaina: Juan Carlos Gené, junto a otro súper formado que viene de Londres: Enrique Porte” Eran cinco horas de lunes a viernes: el primer año lo daba Enrique y se trataba del trabajo del actor sobre sí mismo; Gené, el actor sobre el espectáculo; clases de voz, de mimo, expresión corporal e historia del teatro. Yo empecé en Parque Central. La primera audición que yo hice en mi vida fue ahí. Audicioné con uno de los monólogos de Pio Miranda- emblemático personaje de la dramaturgia hispanoamericana- en la obra El Dia que me quieras de José Ignacio Cabrujas, sin saber que 30 años después mi maestro Gené me iba a dirigir en el papel de Pio Miranda en el año 2005.

Das la impresión de que vienes de una familia amorosa…

-Lo primero que tengo hacia mi familia es agradecimiento. Soy lo que soy porque los he tenido a ellos. La sanguínea y la elegida. Mi madre; una inmigrante española de Zamora en los años 50 y mi papá un militante del partido comunista, diputado por ese partido y que fue esencial en el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, como el contacto entre militares y civiles. Cuando la izquierda venezolana se equivocó y se metió en la guerrilla urbana estuvo cinco años preso. Lo expulsaron del país. Nos fuimos a vivir a Rusia. Mi familia pasó cosas duras. Después mis padres se divorciaron. Con ambos tuve una relación absolutamente extraordinaria. Con todos mis hermanos- somos cinco-también. Soy una persona que aunque se me percibe confrontador, soy de concertación. Entendiendo que el encuentro es entre las diferencias.

No te formaron en la rigidez de la ideología comunista.

-Mi papá es un tipo inteligente: la casa está llena de libros de política, la obra de Stalin, de Lenin. El formó parte del grupo de fundadores del Movimiento al Socialismo, y al poco tiempo se da cuenta de que tiene un pocotón de hijos que mantener. Se hace de un negocio: las primeras batas de papel descartable- que se usan en los laboratorios- que las fabricó mi mamá en el garaje de mi casa en Colinas de Carrizal. Esa empresa llegó a sostener la revista El Sádico Ilustrado. Mi papá se dedicó a mantener esa empresa, las relaciones con sus amigos políticos: el segundo martes de cada mes. Allí estaban Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez, Freddy Muñoz, era amigo de sus amigos…

¿Y Héctor como padre?

-Soy un padre que eligió serlo. Mis hijas no son producto de ningún accidente. Yo junto con – la productora teatral- Carolina Rincón decidimos hacer una familia. Mis niñas son mi centro. Me gusta estar con ellas. Maura que es la mayor, va al teatro conmigo todos los días. Yo cambié los pañales de mis hijas desde el primer día que nacieron. Toda la vida les he preparado el desayuno y las llevo al colegio. Ser padre fue algo que le dio sentido a todo. Mis hijas son mi fuerza para luchar.

¿Cómo te gustaría que te recordaran?

No lo he pensado…Un hombre que vivió en el compromiso.

Manrique, acompañado por Mario Vargas Llosa, Isabel Preysler e Ibéyise Pacheco. (Foto via Twitter @ManriqueHector)