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Salvador Colónico trabajó casi una década en la petrolera estatal venezolana pero fue despedido, luego de aquella huelga de 2002, junto a 20 mil trabajadores. Un episodio que significó una tragedia familiar para los involucrados. En 2014 emigró al norte de Texas con su familia, donde se ha re-inventado como panadero, y donde se ha hecho famoso por la calidad de los diferentes panes, empanadas y golfeados que elabora con gran maestría como panadero artesanal.

Por Milagros Durán 

En esa búsqueda por la supervivencia todo inmigrante termina sufriendo una metamorfosis, una transfiguración que a veces da unos resultados sorprendentes, como si se tratara de dos personas distintas. Es el caso de Salvador Colónico un venezolano que siempre ejerció como Diseñador gráfico en su país, egresado de la Universidad de los Andes, quien cuando emigra a Estados Unidos en 2014 se reinventa como panadero. Ahora es bien conocido en el área del Metroplex (Dallas, Arlington y Fort Worth), es decir, en el norte de Texas por las delicias de panes, golfeados y otras especialidades venezolanas que prepara.

El gusto por la panadería le viene por herencia, su abuelo era un panadero italiano que emigró a Venezuela en los años cincuenta. En las memorias de su infancia están colgadas las imágenes de su abuelo amasando pan en una enorme mesón. Y quién lo diría, que aquel oficio de su abuelo paterno, sería de gran inspiración para él, en el momento justo. De padre italiano y de madre venezolana.

Comenzó a hacer sus panes y se los daba a probar a los amigos. Y así con el pasar del tiempo, se fue regando la voz sobre su panadería, hasta que un día decidió formar su empresa “Bread Sweet Bread”, que todavía no tiene un local, pero tiene una pagina en Facebook, donde la gente puede ver su menú y hacerle los encargos, los cuales son entregados a domicilio. Y hay que decir que Salvador también heredó el temperamento bonachón de su abuelo, siempre está de buen humor, y sus entregas son siempre puntuales. Algunas de sus clientes opinaron sobre su servicio.  “Conozco a Salvador y sus panes desde sus inicios y me consta su compromiso de ofrecer un producto de calidad. Es carismático y súper amable. Como bien dice Milagros: re-inventó su profesión; y si duda encontró su otra vocación. Sus panes son lo máximo!”, dijo Key Requeijo mientras que Ruth Villalonga expresó: “Conozco a Salvador desde que dio sus primeros pininos en este negocio y no solo brinda productos de gran calidad e insuperable sabor sino lo hace con cariño y siempre buena disposición. El y sus panes son de primera! Muy orgullosa de verlo crecer y cultivar el éxito en esta, su nueva vocación”.

Cuando la gente prueba el pan se siente un poco más cerca de Venezuela. Foto: Cortesía

¿Tú crees que la comida te conecta afectivamente a tu país?

-Sí claro! de hecho, parte de la razón para hacer pan aquí era esa búsqueda de los panes que teníamos allá. Cuando alguien prueba el pan, es como llevarle un pedacito de Venezuela. Y la gente me dice “me transporté a mi infancia” o “mira Salvador se me salieron las lagrimas porque recordé cuando mi abuela me llevaba a la panadería” y así tengo muchas anécdotas. La gente se emociona y es una de las cosas que yo le digo a mi esposa, que me asombran las historias que me cuenta la gente cuando prueba el pan. Yo nunca pensé que yo iba a lograr ese efecto en la gente. No quiero creerme la última limonada del desierto…. Yo recibo todos los comentarios con mucha humildad.

¿Qué hacías en PDVSA y cuánto tiempo trabajaste?

-Yo empecé a trabajar en PDVSA – Paraguaná el 11 de abril de 1994, en el CIED, estaba en la Gerencia de Desarrollo Educativo, que era donde se adiestraba el personal. Y salí el 28 de febrero de 2003, cuando mi nombre apareció en la prensa en las famosas listas de los despedidos, fuimos despedidos por el propio Hugo Chávez. Recuerdo el 11 de abril de 2002 cuando Chávez renunció y el paro petrolero fue en diciembre de ese mismo año.

 ¿Te pagaron tus prestaciones?

-No, hasta el sol de hoy no me han pagado nada.

¿ Y cómo vino lo de la panadería?

-Mi abuelo era italiano y panadero. Emigró a Venezuela en el 53, luego de la segunda Guerra Mundial, cuando Italia estaba en una fuerte crisis. Cuando Pérez Jiménez abrió la inmigración controlada. Y llegaron muchos italianos, españoles y Portugueses. Y se estableció en Coro y allí montó una pequeña panadería. Aunque yo no aprendí el oficio de la panadería con mi abuelo, tengo ciertos recuerdos de cuando iba de visita para su casa, recuerdo el mesón de madera donde hacia los panes, la máquina donde amasaba el pan y esas cosas. Mi abuelo murió cuando yo tenía 12 años. Y en esa etapa de la adolescencia hasta los 15 años, se me despertó la curiosidad por hacer pan.

¿Cuándo y dónde aprendiste a hacer panes?

-La panadería la aprendí en un Curso que hice en el Instituto Europeo del Pan en Caracas. Porque yo hacía el pan empíricamente y salían comibles. Pero tenía que prepararme. Una vez que ya estamos en EUA mi esposa fue a Venezuela en 2015 a arreglar unos documentos y le pedí que me consiguiera algunos libros de panadería. Y resulta que uno de los libros “Panes de Venezuela” que es una publicación de El Nacional fue escrito por Juan Carlos Bruzual dueño del instituto. Y cuando ella fue a comprar el libro se enteró de los cursos que iban a iniciar y me avisó. Así que me fui a Caracas en 2015 a hacer el curso de panadería artesanal.

¿Cómo te diste a conocer como panadero?

-Con los compañeros de trabajo de mi esposa se fue corriendo un poco la voz. Y luego en abril de 2016 se realizó el Picnic Venezolano en Dallas, y decidí participar. Y yo dije “esta va a ser la prueba de fuego con los venezolanos que conocen los cachitos. Para ese evento, llevé 80 cachitos. Y en cuestión de un par de horas se acabaron. Y los comentarios fueron muy buenos. A partir de allí creamos la empresa “BreadSweet Bread”, me certifiqué como “Food Manager” y  la empresa paga sus impuestos. Y  ya sabes, los que prueban el pan, o los cachitos se lo recomiendan a otros y así van llegando nuevos clientes.

¿Tú has ido a Sulmona el pueblo de tu abuelo en Italia?

-No, nunca he ido. Mi papá nació también el Sulmona, se vino a Venezuela a los 19 años y nunca regresó.  Ellos se establecieron en Coro donde yo nací.

¿Cuántos hermanos tienes y en qué parte del mundo andan?

-Nosotros somos cuatro. Yo soy el tercero. La mayor es Gina, que está en Venezuela, es ingeniero civil, luego viene Bruno, que está en México, luego vengo yo, y luego Liana, la menor, que vive en California.

¿Por qué decidiste irte de Venezuela?

-Mi esposa y yo no teníamos planteado salir de Venezuela hasta el 2013. En diciembre de 2013 comenzamos a explorar esta posibilidad. Mi esposa es licenciada en computación. Y la empresa donde trabajaba la trasladó a trabajar a Dallas y bueno nos vinimos para acá.

-¿Cómo fue el choque cultural para ti?

-Yo digo que la adaptación a Estados Unidos para mi no fue difícil, al contrario fue emocionante….porque a mi en Venezuela me tocó salir de mi casa a los 17 años para ir a estudiar a Mérida. Y ese primer año que estuve en Mérida fue muy duro. Pero al año ya estaba adaptado. Y después que me gradué en Mérida me fui a vivir a Paraguaná, que queda a una hora de Coro. Después me cambiaron a Puerto a la Cruz, y todos esos cambios me ayudaron a adaptarme con facilidad.

 -¿Y cómo te ha ido con el idioma?

-Allí es donde está la dificultad…antes me estresaba cuando me hablaban en inglés, ahora ya estoy más relajado. Creo que eso es un reto que tengo…no me he enseriado a estudiar inglés. Pero en general la adaptación ha sido buena.

¿Cuándo es la mejor temporada para tu negocio?

-La temporada alta es en Navidad, pero comienza en octubre. La primera fecha es la de Acción Gracias y de ahí en adelante hago pan de jamón todos los días. Y prácticamente hago pan de jamón durante todo el año por encargo.

 ?Cuántos productos tienes en tu catálogo? 

-Tengo el pan de jamón, los cachitos, el pan de queso, pan dulce o tunjitas, pan con chocolate, golfeados, el pan de naranja, pan de leche trenzado y el pan andino. Y aparte tengo los tequeños y los pastelitos.

-¿Te gustaría tener tu propio local, tu propia panadería?

-Ese es el sueño, la meta, poder tener un local. Porque a mi a veces me toca trabajar en una cocina certificada, trabajo cómodo porque tienes todos los equipos. Pero…como que no logras adaptarte. Uno quiere tener su propio espacio de trabajo.

-¿Qué otro tipo de platos te gusta cocinar?

-La pasta. Preparo la pasta tradicional la napolitana y los  ñoquis de papa.  Y también preparo pasta marinera.

?Cuál es tu desayuno favorito?

-Arepas, con huevos revueltos, aguacate y queso blanco. Y si hay caraotas (frijoles negros) mejor.

-¿Cuál ha sido el momento más difícil en tu vida?

-Cuando me botan de PDVSA y de paso en ese momento también me estaba divorciando. Fue fuerte, de hecho bajé como 15 kilos.

¿Tienes alguna fe religiosa?

-Creo en Dios, yo fue bautizado por la iglesia evangélica. Aunque no voy mucho a la iglesia siempre trato de leer la Biblia. Mi esposa es católica.

-¿Cómo te sientes cuando ves la imágenes tan fuertes de Venezuela?

-Muy triste, en mi cabeza no cabe como alguien puede tener tanta maldad tan solo por la ambición de poder.

El pan de jamón, los cachitos, el pan de queso, pan dulce o tunjitas, pan con chocolate, y los golfeados son algunos de los productos del menú de Salvador. Foto: Cortesía